Actividad
Tres nuevos diáconos permanentes fortalecen el servicio pastoral de la Arquidiócesis de Tegucigalpa
August 10, 2026

José Francisco Guillén Carbajal, Luis Fernando Murillo Matute y Jaime Humberto Ponce Hernández fueron ordenados diáconos permanentes el 10 de agosto en la Basílica de Nuestra Señora de Suyapa, en una celebración presidida por Mons. José Vicente Nácher Tatay.

La Iglesia que peregrina en Honduras vive con alegría la incorporación de tres nuevos servidores al ministerio ordenado. La Arquidiócesis de Tegucigalpa celebró el pasado 10 de agosto la ordenación de José Francisco Guillén Carbajal, Luis Fernando Murillo Matute y Jaime Humberto Ponce Hernández como diáconos permanentes, en una solemne Eucaristía celebrada en la Basílica de Nuestra Señora de Suyapa y presidida por el arzobispo de Tegucigalpa, Mons. José Vicente Nácher Tatay.


La celebración congregó a familiares, amigos, miembros de las comunidades parroquiales y numerosos fieles que acompañaron con oración a los tres nuevos diáconos en este paso significativo de su vida y de la Iglesia arquidiocesana.


El diaconado permanente constituye el primer grado del sacramento del Orden y tiene como centro la vocación al servicio de la Palabra, de la Liturgia y de la Caridad. Los nuevos diáconos están llamados a colaborar estrechamente con el obispo y los presbíteros, anunciando el Evangelio, asistiendo en la celebración litúrgica, acompañando a las familias y comunidades y haciendo presente de manera particular la caridad de Cristo entre quienes más necesitan cercanía y apoyo.


Tres historias, un mismo llamado al servicio


La llegada de estos tres nuevos diáconos es también el fruto de historias personales y familiares marcadas por la fe, el trabajo y el servicio a la Iglesia.


Luis Fernando Murillo Matute, de 57 años, llega al diaconado después de casi tres décadas de servicio como Delegado de la Palabra. Es esposo y padre de cinco hijos, y cuenta con formación en Teología Pastoral, Derecho Canónico y Doctrina Social de la Iglesia. Vinculado a la Cuasiparroquia María Madre de la Misericordia, entiende su vocación como la maduración de un llamado que comenzó a resonar en su corazón hace aproximadamente 25 años.


Por su parte, José Francisco Guillén Carbajal, originario de La Lima, Cortés, es docente universitario en el área de Teología y posee una amplia trayectoria en el ámbito público e institucional. Es esposo, padre de tres hijos y abuelo de cinco nietos. Su formación académica incluye una licenciatura en Teología Pastoral, una maestría en Teología Espiritual y un doctorado en Teología Bíblico-Pastoral.


El tercer nuevo diácono, Jaime Humberto Ponce Hernández, de 64 años, llega a este ministerio después de una vida marcada por la oración familiar y el trabajo. Durante 25 años ha desarrollado su labor profesional en el sector farmacéutico y actualmente continúa su formación con una maestría en Teología. Es esposo y padre de cuatro hijas.


Perteneciente también a la Cuasiparroquia María Madre de la Misericordia, recibió la invitación al ministerio diaconal de su cuasipárroco, el padre Marco Reniery Alvarado. Desde su infancia, la oración ha ocupado un lugar central en su vida, especialmente gracias al testimonio de su madre y su abuela. Inspirado particularmente por San Francisco de Asís y San Pío de Pietrelcina, Jaime comprende el Evangelio como una llamada concreta a la acción y al servicio.


Un ministerio para servir y anunciar


La ordenación de Fernando, José Francisco y Jaime representa una gracia para la Arquidiócesis de Tegucigalpa y para toda la Iglesia en Honduras. Sus historias recuerdan que la vocación al ministerio no se separa de la vida cotidiana: se cultiva en la familia, en el trabajo, en la comunidad y en el compromiso perseverante con el Evangelio.


Como diáconos permanentes, continuarán viviendo su vocación familiar y profesional, ahora enriquecida por la gracia del sacramento del Orden y por una nueva responsabilidad al servicio de la Iglesia.

Su ministerio los llevará a proclamar la Palabra de Dios, colaborar en la vida litúrgica y acercarse especialmente a quienes necesitan acompañamiento, consuelo y esperanza. De esta manera, están llamados a hacer visible en medio de sus familias, comunidades y ambientes de trabajo el rostro servicial de Cristo.


Con la ordenación de estos tres nuevos diáconos permanentes, la Arquidiócesis de Tegucigalpa da gracias a Dios por el don de sus vocaciones y encomienda su ministerio a la intercesión de Nuestra Señora de Suyapa, pidiendo que sean servidores fieles, humildes y generosos, capaces de llevar el Evangelio allí donde el Señor los envíe.

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